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Wilbur y Carolina

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 J. Miguel Vargas Rosas      El tipo ingresó ceremoniosamente al promediar las nueve de la noche. Había un silencio extraño; no era el silencio común que impera en las clínicas, sino uno casi deprimente: Creí que se debía a mi permanencia en el consultorio a esas horas.       — Buenas noches —saludé cordialmente.       — Buenas noches, doctor —respondió él— Soy Wilbur y todo ha terminado —se presentó como si nunca antes hubiese tenido una sesión conmigo.       Se dejó caer en el diván. Tenía los ojos circundados por ojeras muy notorias; la cabellera despeinada; la tez tan pálida que semejaba un muerto.        — ¿Perdón? —consulté.       — Todo ha terminado, doctor —volvió a sentenciar, repantigándose en el sofá— Todo ha terminado hace unos días —Sus ojos brillaban.       — ¿A qué se refiere, Wilbur?     — Ella ya no volverá y yo…...

La pata de mono - W.W. Jacobs

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 I La noche era fría y húmeda, pero en la pequeña sala de estar de Laburnam Villa los postigos estaban cerrados y el fuego ardía con fuerza. Padre e hijo jugaban ajedrez, el primero tenía ideas respecto al juego que involucraban cambios radicales: ponía a su rey en desesperados e innecesarios peligros que incluso provocaban comentarios de la mujer de pelo cano que tejía plácidamente junto al fuego. “Escuchen el viento,” dijo el señor White, quien notó que había cometido un error fatal cuando ya era demasiado tarde y estaba deseoso de prevenir que su hijo también lo notara. “Lo escucho,” dijo el segundo mientras analizaba sombríamente el tablero y extendía su mano para mover una pieza. “Jaque.” “Me cuesta pensar que vaya a venir esta noche,” dijo su padre, con su mano puesta sobre el tablero. “Mate,” respondió el hijo. “Esa es la peor parte de vivir tan lejos,” refunfuñó el señor White con una repentina e imprevista violencia; “de todos los bestiales, llenos de lodo, lugares olvidad...

LA VENTANA

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Y cuando Alicia asomó la cabeza por el espejo, de regreso a casa, supo que todo había cambiado. Que la historia estaba mal escrita; que el mundo real era un cuento de Poe o más aterrador todavía; los conejos eran gigantescos y aún así eran devorados por los monstruos de lodo.  Por lo cual se volvió hacia el otro lado del espejo, a ese lado de fantasía, mas cuando tornó, ilusionada, la mirada inocente hacia el mundo de los sueños , con la loca ansiedad de encontrar al Sombrerero Loco, la sorpresa le heló la cara: los monstruos del mundo real invadían su mágico mundo de magos y conejos y todo ardía, mientras el espejo ya no era espejo, sino una ventana vieja que llenaba de espanto a todo aquel que pudiese asomar la mirada al mundo, ahora infernal, de Alicia...quien descubría que no podría dormir... Nunca más...