Wilbur y Carolina
J. Miguel Vargas Rosas El tipo ingresó ceremoniosamente al promediar las nueve de la noche. Había un silencio extraño; no era el silencio común que impera en las clínicas, sino uno casi deprimente: Creí que se debía a mi permanencia en el consultorio a esas horas. — Buenas noches —saludé cordialmente. — Buenas noches, doctor —respondió él— Soy Wilbur y todo ha terminado —se presentó como si nunca antes hubiese tenido una sesión conmigo. Se dejó caer en el diván. Tenía los ojos circundados por ojeras muy notorias; la cabellera despeinada; la tez tan pálida que semejaba un muerto. — ¿Perdón? —consulté. — Todo ha terminado, doctor —volvió a sentenciar, repantigándose en el sofá— Todo ha terminado hace unos días —Sus ojos brillaban. — ¿A qué se refiere, Wilbur? — Ella ya no volverá y yo…...