Ella y Agua para el corazón (Epístola)
Por: J. Miguel Vargas Rosas Me coloco los audífonos, encerrado en mi diáfana soledad, para escucharla una vez más como quien busca la armonía y el sosiego, pero también para alcanzar la infaltable pasión porque lo que brota de ella y de su guitarra es una ráfaga de fuego que envuelve el espíritu todo; esa canción suya conjuga adecuadamente con el fulgor de sus ojos y de su mirada fija, en donde las partículas subatómicas se alteran tal como se altera el corazón al perderse entre las notas musicales que brotan de la guitarra y las notas altas con carácter aguerrido emergidos ya no sólo de sus labios o cuerdas bucales, sino de su alma, de lo profundo de su conciencia misteriosa. Resulta difícil escapar de su talento, de su apasionamiento, de aquella luminosidad que encarcela; es como si efectivamente su arte echara agua a los corazones debilitados y agobiados por tanta realidad cruenta, fusionándose con la nostalgia de est...