El café....
Nos sentamos alrededor de la mesa, con el café humeante sobre ella. El vapor del café dibuja volutas de alegría, esperanzas, ilusiones, sueños, candidez y otra vez la alegría. Los niños de la casa hacen ruido. El padre, bebe un sorbo, sonríe, bromea. La madre responde con otra broma. La algarabía nos llena a todos, frente al café humeante y cargado, mientras el viento sacude las ventanas y las puertas. Es imposible no vivirlo así, como si fuese el último momento y hay ganas de inmortalizar ese momento, de detener el tiempo, pero solo queda la bizarra opción de vivirlo al máximo, de grabarlo en la memoria. Abrazo a mi madre y a mi padre. Las charlas de política y los recuerdos no están lejos. Evoco al abuelo con sus campanadas para llamar a la mesa; a mis dos padres en el río, enseñándonos a nadar. Reímos. El café humeante es un ente que escucha y tiñe el ambiente de calidez. De pronto, las risas se disipan. El jolgorio del p...