] De-lira [ hebra disonante y la musicalidad que refleja una identidad
Escrito por J. Miguel Vargas Rosas
La infancia es develada estéticamente como un caos o un efecto traumático dentro de la sociedad actual, reconociendo en el sexo femenino una naturaleza más sensible. De esta manera, inicia el poemario con “Diáspora” (p. 11):
Nacimos flores de carne
la raíz en la espalda
Fíjese que reconoce una fragilidad en la estructura femenina, lo que resulta hasta novedoso en nuestros tiempos, ya que la voz poética busca eliminar el concepto “igualitarista” de géneros y le antepone la búsqueda de la justicia social; esto le permite exponer el caos o el dolor que produce el sistema. Después, continúa:
Y nos plantamos nómades.
Vociferamos el llamado de la luz.
(Diáspora, p. 11)
Hay pues un “nacimiento” (plantación) libre que se pierde cuando alguna “extraña” fuerza, en el mundo objetivo, oprime y sojuzga; permaneciendo únicamente la “luz” a la que se llama entre sueños. Emerge aquí otra característica del poemario que se desarrollará plenamente en otros poemas: la paradoja como figura literaria aplicada en monosílabos, palabras breves o en conceptos y tópicos filosóficamente complejos.
Impoluta
escuchas aguda
la belleza
posarse musical
sobre el jardín y las cosas
Consciencia, una gota…
Cayó/calló
(Profunditas, p. 16)
Lo resaltado parece llamar la atención en esos dos últimos versos, y no es en vano: Consciencia, una gota… cayó/calló. Esto debido a que la consciencia femenina que se constituye como el ser en sí y descrita en su estado de pureza y libertad (la infancia) es descalabrada o enmudecida. Cualquiera sea la interpretación que se le dé, debe el lector recurrir al concepto de opresión y de mutilación de la libertad femenina. Debemos precisar que, si la conciencia “cae”, produce un ruido que despertará a los demás; pero si “calla”, enmudecerá y producirá un silencio que, a la par, se espera sea un mutismo denunciante.
Como podemos apreciar hasta aquí, Paola Dávalos intenta exhibir un espíritu rebelde; busca innovar el lenguaje, bosqueja neologismos, violenta las reglas gramaticales y denuncia el estado de opresión en el que vive la mujer; sin embargo, en algunos poemas que se aproximan a lo intimista, el “yo” pierde su masificación, su sociabilidad o solidaridad para recaer en tópicos y moldes romanticistas, como la huida de la realidad o la angustia existencial, extraviándose en sus propios laberintos mentales que delata un espíritu pequeño burgués. Entonces se precipita en el pesimismo como consecuencia de darle mayor valor al “individualismo” o se inclina hacia la exaltación del feminismo pequeño burgués.
Te levantarás, conocerás la tierra.
Aguerrida
refulgirás
envuelta en el viento
y tu voz aún más profunda
corromperá dimensiones
para embalsamar su reflejo. (Voz lila, pp. 23-24)
El individualismo ya no opta dimensiones sociales, sino que se queda encerrado en un único “yo”, pregonando el posible cambio dentro del mismo “yo”. Hay en la voz poética un temor que la corroe y la sumerge en el abismo.
¿Qué pasará si de tantos riesgos lastimo
mis alas, la vista y mi voz?
(Voz lila, p. 24)
La aparente solución reside en el “yo” apartado de lo demás, como si el “ser en sí” hallara su propio mundo o “fenómeno” solo dentro de su subjetividad, asomándose al idealismo kantiano:
Cuando haya terminado el camino y nada puedas hacer,
seré tu centro
desprendida
sobrevolaré
Hasta ser luz. (Voz lila, p. 24)
Si bien este proceder conduce a la voz poética hacia el pesimismo, el “yo” apela, en otros versos, al pathos. Entonces, representa dramas trágicos a través de la poesía en prosa, en un tono nostálgico y oscuro, recordándonos que pesimismo y tragedia difieren en lo esencial: la realidad es trágica y oscura, pero depende del análisis e interpretación del “yo” para llenarse de optimismo o reptar en el pesimismo. El drama trágico que esboza Dávalos se centra en la realidad experimentada por la mujer al encontrarse inmersa en la objetividad de un determinado modo de producción, modo de producción que influencia en el desarrollo de su pisque, la cual se expresa, en consecuencia, oscura y dolorida.
No importan los motivos de retorno
si no cómo la profundidad
deshace
aquí no hay señal ni ruta
para encontrarme
solo
salir muriendo
(Ardid, p. 31)
O cuando señala: «El miedo/ imita al tiempo/ ¿yerro o hierro? se con-funden/ y acaban en perpetuo desespero» (Desespero, p. 33) El miedo proviene de fuera, inunda el tiempo de la voz poética y crea una desesperación —paranoia— constante, como si el tiempo fuese el tiempo del miedo o del horror que no solo daña al individuo, sino a los seres de una determinada época. Junto a esta complejidad y entretejidos lexicológicos, Dávalos construye una dicotomía dentro del mismo yo, permitiendo el desdoblamiento del ser y, por ende, de la voz poética en dos opuestos que sostienen tenaz batalla. Pese a ello, retorna a la realidad social en donde los dos “yo” van difuminándose o interconectándose bajo el umbral del dolor, el dolor social que envuelve y unifica al sexo femenino.
Soy
mujer calcinada
en la desidia
De mi rostro
de ciclos
mandibulares
creo hendiduras
y salto
de la boca abismal
presa del vacío
lo abraso
(Lucy-da, p. 81)
Llena de impulsividad juvenil, Dávalos recurre también a otro recurso muy utilizado por la poesía femenina para rebelarse contra el conservadurismo social: la sexualidad; ¿pero se puede considerar la temática de la sexualidad como un hecho de rebelión o de subversión en estos tiempos en que la sexualidad no tiene ya límites, sino que se ha convertido en una especie de fetiche enfermizo y que ha permitido la cosificación de los cuerpos, bajo un sistema que tiende a mercantilizarlo todo? La respuesta dependerá mucho de la óptica con que se trate el tema. Obviamente, la sexualidad en la poesía era una perfecta arma de rebeldía femenina contra el patriarcalismo salvaje de antaño, pues la mujer se encontraba supeditada a la voluntad del varón; por tal motivo, la sexualidad y el erotismo no es un tema nuevo ni renovador. En De-lira / hebra disonante, destacan los poemas “El cuarteto de libra y la dios-a” y “Solamente azul”, en donde la voz poética expresa un deseo de entrega ligada al amor incondicional, a un amor ciego, compulsivo y abrupto.
Arrogante
llévate mi piel hasta el próximo día
haz que reluzca su esencia
y en la opacidad
convertiré las vergüenzas
en bálsamos y aceites
para nutrir
mi descaro
(El cuarteto de libra y la dio-sa, pp. 57-58)
Encontramos lo que, en un gran porcentaje de poesía erótica hecha por mujeres se encuentra: La entrega por parte de la mujer; una entrega desaforada, sin miedos, que implica libertad. No se subvierte la idea o el tópico de la mujer como elemento entregado ante el varón que toma o posee.
En el infierno hecho de cuero
soy lienzo para la lujuria
comenzar
por el pulgar del pie derecho
sucumbe ante la cadena
despacio para
una hembra.
(El cuarteto de libra y la dio-sa, p. 61)
Opta la voz femenina una postura pasiva en el placer sexual, aunque intenta —versos más adelante— subvertir aquel orden monótono e intenta tomar el control, asomándose a una actitud activa que la impulsa a hasta alcanzar el mismo nivel que los poetas varones, quienes sí expresan el deseo de tomar y de poseer.
… muerdo el bocado
un pecado y luego otro:
¡tiéntame completa!
(El cuarteto de libra y la dio-sa, p. 61)
Con vacilación intenta tomar lo que desea, pero regresa a su condición pasiva; el acto sexual es transformado en un juego erótico en el que el ser se libera, se desaprende del dolor y el cuerpo se conserva como un templo del éxtasis. En los siguientes versos de “Simplemente azul”, la voz se llena de mayor valor y poder: «Aquí hay lugar para estrellas. necesito apoderarme de la fiebre, elevarme con el mar, el amor y la poesía, así de azules. ella, otra vez esencia, trepó la más alta montaña de pico empinado adentro». (p. 89) Aunque la voz ya no es la voz femenina que nos acompaña en casi todas las páginas del libro, nos enseña que el “yo” femenino ha optado por una actitud más activa y ha conquistado lo que se ha propuesto.
En conclusión, De-lira / hebra disonante es un manojo de poemas profundos y complejos que cumple, en parte, los objetivos que se traza desde los primeros versos, con ligeras influencias de Magda Portal y César Vallejo, enriquecido con variadas figuras literarias y mucha sensibilidad femenina; poemas que relucen también una interna lucha de contrarios en la voz poética que deberá desencadenar en un salto cualitativo, el cual permitirá, a su vez, definir el derrotero de la poesía de Dávalos.

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