El lobo rojo y la caperucita feroz
Escrito por J. Miguel Vargas Rosas Sé que mi historia será difícil de creer. Es cierto, devoré a esa niña de caperuza, pero no fue porque me guste comer. Era muy pequeño cuando todo aconteció. El abuelo de aquella niña, a nuestra caravana llegó. Mamá aulló y el hombre aquel, sin piedad contra mi padre disparó. Esto permitió a mamá huir por entre las alturas junto a nosotros que no dejamos de oír su llanto conjugado con el silbido del viento helado. Años más tarde, el padre de la niña hasta nuestro espacio arribó. Escopeta en mano, fingió entre el rebaño marchar. Yo jugaba con mis hermanos, apartados de mamá, cuando de pronto su aullido entrecortado logramos escuchar. Al buscarla, ella ya solo era ausencia. Y las persecuciones por parte de la familia de aquella niña, se realizaban con mayor frecuencia. Logramos escapar, mis hermanos y yo de la civilización y a una manada de lobos, llegamos, donde nos contó el anciano guía, que los hombres mataban a sus...