Señor, no te la lleves
Por: Miguel V argas Ascaño La contemplé cual bella durmiente pálida, delicada y enferma dormía un sueño profundo y triste sueño de silenciosa calma contemplé la muerte en sus labios y destellos de vida en sus ojos y manos. Cuando despertó había en sus ojos, desconcierto, dolor y alegría santa habrá soñado, estoy seguro, lirios rojos, escaleras de ángeles, ríos de agua bendita, palacios de rosas y coronas de jazmines más tornó a cerrar sus ojos y a sudar sus sienes. Duerme, Dios mío, solo que duerma porque su sueño me alegra y consuela que no sea su sueño de la muerte preludio más cuando despierta, se queja, gime y llora más que su dolor hiere la pena y esa pena, esa angustia es mi cadena. Me dijo un día sonriendo adolorida ¡no te vayas de mi lado nunca porque si te vas tú, mi vida cuando vuelvas no me encontrarás cerca! y por ello estoy a su lado noche y día esperando su alivio o su agonía. Todos velan su sueño hasta que despierta para llenarla de promesas y vana...