La nostalgia humana de Ray Bradbury en el final de su Crónicas marcianas

Escribe J. Miguel Vargas Rosas     

    Todos hemos imaginado, en algún momento, el final de nuestros propios días y la destrucción de la Tierra. Bradbury, en su novela Crónicas marcianas, expone el espíritu destructor de los humanos, los cuales logran conquistar Marte y liquidan a toda la especie marciana, aunque se da a entender que esta desaparece por un virus que traen consigo los humanos. Al final de la historia, que es lo que nos interesa, se da noticias en Marte de que la Tierra está siendo destruida a causa del accionar del ser humano, quien destruye su habitad mediante guerras oportunistas y mezquinas. Obviamente, Bradbury no repara en la concepción clasista, pues las guerras las desatan solo las élites gobernantes y ambiciosas. De esta manera, el escritor norteamericano sucumbe en el pesimismo ya que concibe un futuro siniestro para la humanidad y da mucho crédito a las concepciones filosóficas de que el hombre es malo por naturaleza, establecido en textos de Maquiavelo y Hobbes. Por eso mismo, expresa una nostalgia honda cuando el humano invade Marte y también expresa una nostalgia profunda cuando se llega al final de la historia y la Tierra está por desaparecer. Los que se han refugiado en Marte son marcianos que fueron a visitar la tierra y se asustaron del proceder o del espíritu de los hombres. Son Marcianos que esperan que ningún ser humano llegue hasta Marte otra vez, para que puedan vivir en tranquilidad y repoblarlo todo con armonía. Subsiste algo conmovedor: los últimos marcianos conservar su apariencia física humana, como si le rindieran un homenaje a esa especie que no debió destruirse y debieron cambiar. Esto es importante y aclararemos el porqué más adelante. 

Lo postulado aquí encontraría un parangón con el naturalismo literario, vertiente del realismo, y dista mucho de lo planteado por el físico teórico Stephen Hawking, quien señaló que la ambición y la concentración de riquezas en pocas manos dentro del sistema capitalista podrían provocar una hecatombe y, por ende, un apocalipsis social y ambiental; en otras palabras, el capitalismo sería el responsable de cualquier precipitación hacia el llamado "apocalipsis". Sin embargo, esa nostalgia final, incierta e insólita en Crónicas marcianas estremece al lector, lo vuelca a filosofar e incita a reflexionar sobre sus acciones, a empezar a cuestionarse de por qué podría terminarse la vida humana y, sobre todo, si en verdad deberíamos seguir sobreviviendo en este mundo. Además, hay una incitación implícita e indirecta de que el lector medite en la belleza de la existencia, el amor que se prodigan los humanos entre conocidos y familiares, en el sentido de aquello que parece absurdo y en la belleza (en el sentido amplio del término) del planeta Tierra. Es decir, el autor invita a reflexionar en lo valioso que podríamos perder si continuamos destruyendo el mundo por ambiciones y egoísmos. He aquí porque los últimos marcianos conservar su figura humana; son, esencialmente, la voz camuflada del autor que tiene todavía una pizca de esperanza en la especie humana y confía que, en algún momento, sabrá enmendarse. Por eso, los marcianos le rinden tributo a esa especie. Por otro lado, podría interpretarse del mensaje subliminal de Bradbury que, será necesario que transcurran generaciones y generaciones para que el mundo vuelva a florecer. 

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