Escribe J. Miguel Vargas Rosas
En el cierre de la novela Un mundo feliz de Aldous Huxley, el Salvaje no solo es exhibido como un loco, sino que es condenado a ser loco y, poco a poco, transformado en una especie de animalejo exótico encerrado en una jaula invisible para ser observado por los curiosos, tal como un mono encerrado en un zoológico. Es, básicamente, el castigo al que lo ha sometido la sociedad de los Ford por ser diferente y buscar la libertad, pero, sobre todo, por intentar revelar la verdad ante una sociedad donde sus habitantes viven en el engaño y toman la mentira como la única verdad. Este episodio encuentra su parangón en la alegoría de la caverna de Platón, donde el salvaje que abandona dicha caverna, descubre que las sombras a las que tomaban como única verdad, no son sino sombras, oscuridad o espejismos, es decir, mentiras. Cuando retorna a la caverna a informar sobre la auténtica verdad, es considerado loco.
El mundo feliz que retrata Huxley en la década del 30 bien podría reflejar nuestra realidad actual. A todos se les ha privado de la libertad política, económica y hasta social y, a cambio, les han otorgado la falsa libertad sexual para entretenerlos. El esclavismo y/o servidumbre ha sido introducido en sus conciencias como algo positivo, algo que deben abrazar para disfrutar de la “felicidad” que se confunde con el “placer efímero”. De esta manera, los hombres enquistados en el poder logran que los esclavizados amen su servidumbre y crean que su ignorancia es la única verdad. Mientras tanto, en la Alegoría de la caverna, Platón denunciaba la condena que sufrían aquellos hombres que intentaban exponer la verdad [referencia directa a su maestro Sócrates] a los hombres engañados por el sistema. Ahora bien, Platón utiliza la poesía para reflejar eso, mientras que Huxley nos hace reflexionar en nuestra realidad, mediante una prosa casi libre de versificación y henchida de experimentación lingüística: En el “mundo feliz”, está prohibido la monogamia y la reproducción natural de la especie humana; hoy, implícitamente, nos alejamos de la monogamia y del amor real, pues la única libertad que se nos otorga es esa supuesta libertad sexual, creando una especie de libertinaje nocivo. Hoy, aumentan los “jóvenes” que detestan la reproducción natural y a los niños y, si por “accidente”, logran tener uno, lo dañan hasta marchitarlo. Las drogas para alcanzar armonía y felicidad se han tornado casi de uso común, por la misma publicidad que se le da con el fin de adormecer a los que deberían constituirse en esperanza de la sociedad y el mundo.
Al igual que en el “mundo feliz” de Huxley se nos arranca el hábito de la lectura; nos han enseñado que “la historia es una patraña” y ahora nos cuentan una historia distorsionada, implantando en los hombres la llamada alienación o enajenación del ser. La verdad sigue siendo considerada grande, de palabra, pero resulta más grande para los poderosos el silencio sobre la verdad. Si bien, Huxley creyó, en un primer momento, que esta esclavitud implícita llegaría con gobiernos totalitarios y no con el liberalismo, hoy descubrimos que el llamado “liberalismo” busca sostenernos con sus cadenas implícitas. Aquella aparente realidad futurista, descrita por Huxley, se está cumpliendo, pero bajo lineamientos de sistemas “liberalistas” y “neoliberalistas”; es más, ya en tiempos de Huxley, los que buscaban corromper a la juventud soviética eran los imperialistas como Norteamérica, intentando introducir a la URSS, clandestinamente, material pornográfico, drogas y hasta alcohol.
Estas dos historias nos revelan la importancia que tiene en los opresores el destruir la identidad de los pueblos y de sus habitantes y trabajar en la conciencia y subconsciencia de los oprimidos con tal de preservar el poder. Para ello, imponen sus sistemas educativos y ocultan las verdades para hacer vivir a sus subordinados en un mundo de fantasía. Esto, el capitalismo, lo ha logrado con mayor eficacia. Tenemos un considerable porcentaje de hombres que defiende el sistema, que cree a ciegas que el sistema es perfecto y que ahora mismo habita el paraíso; por tal motivo, ama a sus representantes gubernamentales, pero yace sumergido en la más grande pobreza económica, social y hasta individual. No obstante, Un mundo feliz de Huxley y la alegoría de la caverna de Platón quedan pequeños en cuanto a la condena que se le da a los que intentan revelar la verdad, pues en la actualidad quien dice las verdades es perseguido y asesinado porque es considerado “terrorista”
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