CHARLES CHAPLIN Y UN ETERNO CORAZÓN DE NIÑO II

 Escribe J. Miguel Vargas Rosas

Su cinematografía lo convierte en un enemigo de la “libertad”

    Chaplin no es solo un actor, productor y director más. Con la disciplina que lo caracterizaba, supo convertirse en  un ícono del cine mundial y se dedicó a exhibir la tragedia social de su tiempo a través de una comedia satírica, equilibrada y alejada de la ramplonería, asumiendo una postura en favor de los oprimidos. En una de aquellas cenas ostentosas a la que le invitaron, le cuestionaron la burla que hacía de las autoridades. Él, que ya estaba extremadamente estresado por el simple hecho de estar ahí y guardar las composturas, pues solía decir que le aburrían los eventos de la alta sociedad, atinó a responder disimuladamente: «Es lo que le gusta a la mayoría y yo me debo al pueblo. Ese pueblo ama ver que alguien se burla de  las autoridades, porque estas no la representan. Yo solo les doy lo que les gusta». Muchos amigos suyos esbozaron diversos argumentos evitar que lo consideren enemigo de la clase pudiente norteamericana; sin embargo, la furia del capitalismo ya tenía los ojos furibundos sobre él, a quien empezarían a espiar como posible “enemigo de la libertad”. En sus cortometrajes Vida de perro y Armas al hombro, satirizaba al sistema capitalista, criticaba la injusticia social, los problemas laborales que campeaban en el capitalismo de entonces, el maltrato a los inmigrantes y las guerras injustas (todo esto activó la alarma de los grandes burgueses).

    Chaplin juega muy bien con la imagen cinematográfica hasta transformarla en un poema ornamentado de profundas metáforas. Por ejemplo, en un pasaje de una de sus películas muestra la llegada de varios inmigrantes a Estados Unidos, considerado el “país donde los sueños se cumplen”, y admiran la vieja Estatua de la Libertad. Los migrantes, irónicamente, van aprisionados y custodiados rigurosamente por efectivos policiales a bordo de una embarcación; llegan a dicho país solo a padecer los sufrimientos más inhumanos y jamás se cumplirán sus anhelados sueños. Tanto el lema como la vieja estatua son simples símbolos ya obsoletos. Además, Chaplin no duda en satirizar a las autoridades, a quienes hace víctimas del irrespeto y la agresión, ya que no están al servicio de las necesidades de la mayoría social.

    Pero aquella alarma que era el arte de Chaplin se convierte en una amenaza viva cuando aparecen sus largometrajes The kids o El chico en 1921, La quimera de oro en 1925,  Luces de la ciudad en 1931 y Tiempos modernos en 1935, obras maestras, escritas, producidas, dirigidas, protagonizadas y  musicalizadas (la mayoría) por el propio Charlie Chaplin. Las obras son bien recibidas a nivel internacional; la gente le llora, aplaude y ovaciona, pero el único dizque defecto que le encuentran las autoridades norteamericanas es que expone la realidad y las brechas socioeconómicas existentes. Lo peor, según el propio servicio de inteligencia, es que toma partido, quizá inconscientemente, en favor de las clases trabajadoras.  

La quimera de oro y la enajenación del hombre en el sistema capitalista 

    Considerada como la séptima mejor película del siglo XX, La quimera de oro fue analizada y ensalzada por José Carlos Mariátegui en “Esquema de una explicación de Chaplin”. En esta película, casi todos los espíritus, forjados en la educación capitalista, se enrumban hacia las montañas en búsqueda de oro solo por amor al dinero —poderoso caballero es don Dinero, diría Quevedo. El pequeño Charlot, en cambio, va en búsqueda de oro, motivado por el amor a su amada y al prójimo, denotando que existe todavía esperanza en este nuestro mundo sumido en la ambición, el consumismo y la deshumanización kafkiana. 


    Cuando Charlot y su compañero de aventura, Big Jim, que es prácticamente un desconocido, empiezan a padecer hambre, este último ve en el pequeño Charlot a un inmenso pavo que puede devorar cuando pueda o deba; es más, sin poder contener su hambre enloquecedora, lo persigue creyéndolo un pavo horneado, exquisito y jugoso. Charlot, lejos de ver a su “camarada” como algo comestible, decide comerse su zapato con todo y pasadores. En esto hay una imagen cinematográfica más profunda, porque denuncia que la cultura capitalista, reflejada en el compañero de Charlot, es depredadora, inhumana, caníbal y se sustenta en el deseo incesante del dinero. El pequeño Charlot es  prácticamente un proletario o un parado forzado; por eso, posee romanticismo y alma humana aún. Con esto, Chaplin se ubica entre los enemigos más peligrosos de los grandes magnates, pues da entender que la esperanza de la humanidad no radica en los poderosos, sino en los explotados y vilipendiados de Norteamérica. Unida a esta escena, va la de la casa que se bambolea entre el abismo y el suelo fijo, dando a entender que si la humanidad se inclina hacia la postura del pequeño Charlot, la casa llamada Tierra puede salvarse; pero si nos inclinamos hacia la cultura y los deseos depredadores de Big Jim caeremos al abismo. 

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