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Escepticismo

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Escrito por J. Miguel Vargas Rosas            Yo había amado a Zulema hasta quedarme sin aliento, sin sangre, sin tiempo, y la había amado hasta los últimos instantes de aquella noche, en la que los serviles cuervos del desamor (a los que usted llamó   policías) vinieron por mí; estos me esposaron salvajemente y lanzaron los peores improperios, asegurando que yo había dañado la "memoria" de Zulema, cuando no había hecho otra cosa más que prodigarle un amor sincero y puro; un amor que, jamás, humano alguno podrá proporcionar a otro ser sobre la faz de la tierra.      — ¡Ella lleva muerta dos semanas! —gritó un oficial— ¡Estás enfermo!, ¡la desenterraste y la trajiste aquí!, ¿no la ves? —pude sentir la tirria y la repugnancia en sus palabras— ¡Mírala!      Y vi, cerca del umbral, un cuerpo, aparentemente femenino, en estado de putrefacción; es decir, lucía hinchado, negro, sin varios dientes y ligeramente carcomido por...

Paladas

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      Por: J. Miguel Vargas Rosas      No podía recordar en esos milímetros de segundos si el monstruo o la cosa esa, que los había sorprendido de regreso a casa, tras ir a tocar puertas con la célebre frase “Dulce o truco” por ser noche de Halloween, había asesinado a su hermano menor, o solo ella era la víctima. Podía escuchar el ruido escabroso de las paladas, la arena cayendo sobre ella que parecía estar atrapada en una especie de saco asfixiante. Extendió los brazos hacia los costados y tocó los bordes terrosos, entre los cuales su cuerpo apenas encajaba. Las paladas seguían sin detenerse, acompañadas solo por el fuerte respirar del “Monstruo” o “la cosa esa”. Desesperada empezó a gritar, con la esperanza de ser oída por alguien, hasta que la tierra dejó de caer.      Su respiración afanosa no pudo contener el lloriqueo de su hermanito.        - ¿Dilan?, ¿Estás aquí? – se desesperó más - ¡Dilan!, ¡responde!  ...

Salven a los niños

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Por: J. Miguel Vargas Rosas                      Creemos que, para construir un libro, debemos llevar siempre presente la célebre frase de Franz Kafka: “Un libro debe ser el hacha con el cual romper el mar helado de nuestro interior” , y nuestro individualismo – es decir, ese interior nuestro - está inexorablemente ligado a la sociedad, a la multitud, al pueblo que es quien ha construido nuevas sociedades, nuevos mundos, por lo que el libro debe romper la calma mortífera en la que estamos sumergidos actualmente. Cada libro es una voz, un grito, una bandera, un sentimiento intenso a punto de encender fogatas y he tratado de que “Hijos de la iglesia” sea también una antorcha, que sea un hacha más que pueda romper la mar congelada, que abra los ojos y remueva el espíritu. Podemos hablar de libertad, pero en verdad no somos libres ni lo seremos mientras se quebrante la seguridad de la inocencia, y se marchiten a pisotones las prim...

QUIROGA Y SUS MIL ROSTROS DE MUERTE

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    Por: J. Miguel Vargas Rosas        Horacio Quiroga inunda la habitación con su oscuridad.Profundizarse en tan solo uno de sus libros es como ver en el espejo el rostro de la muerte; observar detenidamente (sin saber qué hacer) el desenlace de nuestra propia defunción, llevándonos a meditar sobre ese límite entre la vida y la muerte, que no es más que una línea finísima. Quiroga no explora el más allá, sino que muestra los últimos días de personajes quizá ficticios o no, pero que en realidad somos nosotros, cada mortal que en su más grande vitalidad cree ser imperecedero o le rehúye la visión a la muerte, siendo al fin y al cabo un simple mortal, que puede morir, incluso, al terminar de leer este texto. Para Quiroga todo marcha a la muerte, todo se muere y se disipa en una jungla, pues la mayoría de los parajes que retrata en sus cuentos, están en la selva o el campo, entregándonos la metáfora que la ciudad misma es una jungla y que la muerte ...