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Comentarios sobre "Confieso que he vivido" de Neruda

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Escrito por J. Miguel Vargas Rosas            Pablo Neruda resulta por ratos admirable, por otros ratos causa hilaridad y en otros le brota sin que él lo anticipe su lado narcisista y pedante. Sin duda podríamos decir que fue un marxista en política a secas, pero no asumió el marxismo como parte de su vida, tal cual lo hicieran otros poetas, entre los que sobresale César Vallejo. Todo esto reflejado en su libro “Confieso que he vivido”, en el cual es inevitable destacar su lirismo poético como parte de la cotidianidad, y que nos muestra a un escritor que ha hecho de la poesía su forma de expresión, de vivir, de morir. El Neruda narcisista se deja entrever cuando el autor muestra su don de seductor innato para con las mujeres y lo hace de manera tan frecuente que a veces resulta motivo de burla por parte del lector, además de que se toma la autoridad de calificar y clasificar a las mujeres en “bellas” y “feas”, lo cual lo conduce a un espíritu tan superflu...

El "marxismo" en decadencia

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Escrito por J. Miguel Vargas Rosas           El marxismo no es un dogma —esto quedó claro desde siglos atrás— y bajo este lema, han buscado  los propios “marxistas” quitar del marxismo todas sus constituyentes más esenciales, con tal de acaparar puestos dentro del sistema. Hay quienes van pregonando que la revolución es posible si se ingresa al viejo juego de las elecciones burguesas, cuando estas fueron criticadas por los clásicos del marxismo. Sin ir muy lejos, el propio Mariátegui hablaba de que el fascismo había dado una lección revolucionaria al proletariado internacional, «…que el poder se conquista mediante la violencia y se la mantiene a través de la dictadura» ; sin embargo, nuestros “marxistas” modernos al muy estilo de Henri de Man —a quien criticara nuestro Amauta en uno de sus artículos— proponen con mucho entusiasmo y apasionamiento no solo el “revisionismo”, sino que mediante este también proponen la “liquidación” del marxismo, basá...

¿Qué eres?

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 Escrito por: J. Miguel Vargas Rosas ¿Qué eres, Miguel? Un niño tan solo, señor,  un niño que cada vez que intenta volar una muchedumbre de adultos  lo  jalan de los tobillos  lo devuelven a la tierra de la pesadilla no le dejan escapar.  ¿Qué eres, Miguel? Un niño tan solo,  un niño  tratando de no morir jamás. 

¿Dónde estás?

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Escrito por J. Miguel Vargas Rosas Dónde estás ahora la lluvia te llora  el viento te llora la tierra te llora Te amo, era la premisa  y lo prematuro  los gatos en los techos te lloran  la selva te llora nuestro perro te llora  Andas, perdida quizá  en algún laberinto  anhelando sueños que trizaste mojándote en una lluvia que no llega a mí  y la soledad te llora las paredes te lloran  lo ilógico te llora  La estación te espera despoblada los trenes viajan solos  anhelándote como sueño  los vagones te lloran  la poesía te llora,  el polvo te llora  ¿Dónde estás ahora?

Extraño caso de amor: un extraño Pavletich en la literatura huanuqueña

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  Escrito por J. Miguel Vargas Rosas      No ha habido ni ha podido surgir en largas décadas, nadie de la talla de Esteban Pavletich en las letras huanuqueñas. Como parte de su lucha contra el conservadurismo feudal predominante en el contexto que le tocó vivir, luchó por innovar las letras y logró adelantarse a su época, muy diferente a un gran porcentaje de autores actuales de Huánuco que ya no luchan contra el sistema, sino que lo asumen como parte implícita de su ser, por lo que acogen, copian y plasman el estilo encumbrado por el canon literario. Pavletich buscó innovar, adelantarse a su tiempo, incluso rompiendo esquemas; en cambio ahora, innovar es copiar los estilos y esquemas de la literatura europea o del ya casi extinto Boom Latinoamericano. Quizá esto sea uno de los motivos para obnubilar la imagen de Esteban Pavletich Trujillo, a quien se le ha encasillado como indigenista dentro de la literatura peruana, lo cual no es ningún demérito, pero habría q...

Intertexto

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Escrito por J. Miguel Vargas Rosas La poesía, en este instante es un nido de arañas una puerta que al abrirse  deja entrar ogros monstruos tentaculares Es un envoltorio frígido  una noche interminable  un grito que se extiende desde la médula hasta la infinidad del universo.  La poesía, es en este instante un río furioso  que tarde o temprano  ha de erguirse envolver cálido  las entrañas.  La poesía, en este instante,  se me sale por los ojos y las arterias  porque es llanto, es congoja,  es risa desmedida y loca.  La poesía, en este instante, es un refugio que da miedo  pero más temprano que tarde volverá ser el refugio de mi alma  aturdida y sibilante. 

Un muerto en la pedrera

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 Escrito por J. Miguel Vargas Rosas                  — No lo muevas… Pero, papá tenía que hacerlo; debía sujetar con ambas manos el brazo endurecido del cuerpo inerte y hacerlo girar. Estaba en la pedrera. Cuánto frío han de sentir las almas al quedar en la pedrera, tiznando de sangre los pétreos objetos. Los rayos solares acariciaban parte de la cabellera encostrada.  — No, papá… —volviste a gimotear tú. Sin embargo, papá tenía que hacerlo y lo hizo, sacando fuerzas de flaqueza. Al ver el rostro de aquel cuerpo, supo quién era, pues lo reconoció pese a los ojos profundamente cerrados y el semblante pálido.  — ¿Es él, papá? —interrogaste, aunque el viejo ya no te hizo caso. Lloró, sujetando en su regazo el cuerpo marchito y muerto.  No te hizo caso por dos razones: Porque el cuerpo no pertenecía a un “él”; el cuerpo era el tuyo, porque no me buscaban a mí como tú creías, sino que te buscábamos a ti ...