Revisando los "E-mails con Roberto Bolaño" de J.J. Maldonado

Escribe J. Miguel Vargas Rosas

Uno 

    Es innegable la destreza y calidad narrativa del escritor J.J. Maldonado, quien en su último conjunto de cuentos titulado E-mails con Roberto Bolaño (Seix barral, 2025) emplea recursos como la hiperbolización de sucesos y personajes con el objetivo de darle un tono socarrón a sus relatos, centrándose principalmente en el aspecto prosopopéyico. Maldonado pertenece, creo yo, a esa pléyade moderna que se inclina a emplear otros recursos, distintos a las descripciones meticulosas, para dotar a sus cuentos de un poder impactante sobre los lectores, teniendo presente así la precisión y concisión propugnada por Borges. El libro se sostiene en la intertextualidad, pues toma la base de los relatos de otros escritores o el estilo de los mismos para construir las tramas de sus propias narraciones en donde se incluye, como protagonistas, a dichos autores (obviamente sin caer en plagio ni copia, sino como una forma de hallar su propio estilo), estructurando así un grupo de noticias ficcionalizadas o engañosas. Esto se avizora, sutilmente, desde el primer cuento cuando se cita a Sartre: «El infierno son los otros que nos miran»; ese otro es la voz narradora encargada de exacerbar personalidades y/o exagerar la obsesión de ciertos lectores por los libros o los autores, lo cual, nos conlleva a opinar que toma de lo quijotesco solo el lado de “locura”, pues esa obsesión puede llevar a una especie de locura malsana tal como se evidencia en el último cuento titulado “E-mails con Roberto Bolaño”. 


    El libro reflexiona constantemente sobre el difícil y obligatorio derrotero de alguien que desea hacer literatura en países como los que conforman América Latina; también derrapa hacia la reflexión sobre la vacuidad de la vida de ciertos escritores y hacia la filosofía existencial.  Asimismo, explora la literatura oscura en un tono gótico colindante con lo terrorífico y el realismo sucio, donde demuestra la fría crueldad a la que puede llegar la sinceridad o “inocencia” extrema de los niños a quienes enmarcaron en una especie de indiferencia paternal. «Nuestros padres, obnubilados por el dinero y por la amalgama de edificios que rodeaban su vida, no se enteraban de nada, mucho menos de si sus hijos asistían a la escuela o terminaban haciendo novillos junto a sus amigos» (p. 61); en consecuencia, se asoma a temas propios del psicoanálisis, pero decide no profundizar en lo psicológico; prefiere recurrir a la fantasía extrema como desenlace, tal como ocurre en el relato “Haciendo el pino con Mariana Enríquez” en donde se da indicios de una supuesta alucinación. Claro está que la referencia a la escritora Mariana Enríquez mutila todo intento de aproximación a algún estudio psicológico o social y clarifica, más bien, el solo anhelo de “fantasear” como parte de las “ocurrencias locas” del escritor. Esto llama la atención, porque la obra parece estar dirigida a los entendidos en literatura moderna o contemporánea, aunque podría implicar también una invitación a conocer nuevos escritores, pues cita frecuentemente diversas obras literarias, lo que a algunos les parece muy tedioso, pero, para nosotros, no constituye ningún demérito. Sí debemos darle la razón a Vadillo Vía cuando apunta que demuestra cierto intento por hacer del libro un producto netamente comercial o propagandístico al citar las editoriales en las cuales publican los autores incluidos en el libro. 

    Otra de las características formales del libro es el uso de la polifonía y la perspectiva múltiple que nos lleva a la denotación de múltiples culturas latinoamericanas y occidentales, lo cual enriquece a los cuentos, aunque el deseo excesivo por demostrar vasto conocimiento sobre literatura, le hace perder realismo. "En busca de Han Kang" pervive una influencia portentosa de Borges, tal vez como homenaje explícito a la literatura del argentino, cuando los amigos dialogan, debatiendo, reflexionando y hasta filosofando sobre la posibilidad de que dos mentes hayan ideado una misma historia sin tener ni el más mínimo contacto: un diálogo que nos conduce a idear mundos insólitos y sórdidos (como el inmenso mundo editorial) o ideas abrumadoramente únicas, que cobran cierto sentido y relevancia si se las estudia a profundidad.

Dos

Ahora bien, se podría considerar el libro como una sátira o sarcasmo de la literatura pequeño burguesa que prolifera en las grandes editoriales o, como algunos lo llaman, del establishment literario. El tono socarrón que le imprime Maldonado a los relatos parece acercarse, efectivamente, a la sátira o la ridiculización como para romper con ese círculo de literatos, pero el espíritu de Maldonado no deslinda de esos escritores, sino que forma parte de ese círculo o intenta incluirse dentro de él; por ende, tal como el propio autor lo manifiesta en una de sus entrevistas, “no se ríe de los escritores: se ríe con ellos”. Es más, el carácter pequeño-burgués que apreciamos en la literatura de Maldonado se refleja en los límites que se esablece en el libro, pues se ubica dentro del mundo literario; exhibe su conocimiento profundo de escritores contemporáneos, sus estilos, sus formas y hasta sus vidas, sin salir en ningún momento de ese ambiente (cuando empieza a salirse de esas lindes, retorna apresurada y desesperadamente), recreado como una especie de torre de Marfil, al cual Mariátegui ya había criticado como un concepto utilizado solo por artistas desentendidos de su época. No obstante, entre líneas y/o inconscientemente, E-mails con Roberto Bolaño expone la decadencia de algunos escritores al estar sumergidos en una corruptela moral lumpenesca. 

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