Abriendo rutas en "Carretera al purgatorio" (Reseña)

Escribe Oscar Gilbonio     

    Zein Zorrilla (Huancavelica, 1951) reitera en su novela Carretera al purgatorio (2003) aquello que ya se había mostrado en su producción literaria: el mundo que se desmorona en el campo; el de los terratenientes golpeados por las tomas de tierras y venidos a menos definitivamente con la Reforma Agraria de Velasco, y el personaje migrante entendido no solo como un desplazado en la geografía sino —y especialmente— como un nuevo sujeto social y cultural que transforma su pensar con dicho desplazamiento. Para calificar a este individuo usa la categoría de mestizo, concepto explayado en una profusa producción ensayística más reciente.

    Si en el dilatado cuento “La autopista del sur” (1966) de Julio Cortázar, los autos se detienen en la vía de regreso a París sin causa aparente durante días que parecen interminables y se establecen vínculos, relaciones y dramas entre los automovilistas; en Carretera al purgatorio, la parada es provocada por un huayco, más cercano y posible en época de lluvias en la sierra peruana. Los vínculos, reconocimientos, festejos o querellas surgirán entre los pasajeros de ómnibus y camiones varados, mientras un tractor trabaja en la reposición de la vía.

  Esta estancia obligada propicia el encuentro consigo mismo de Ciro Sotomayor, hijo de un terrateniente que, mediante una misiva desesperada, pide la visita de sus vástagos ante su muerte inminente. El viaje va revelando así otras connotaciones. Es a la vez un viaje interior donde las circunstancias de esos breves pero intensos días lo confrontan: el reencuentro con sus hermanos, con un antiguo amor de juventud; subordinados de antaño; jóvenes de nuevas generaciones, hijos de los antiguos pongos y pobladores que conocieron a su padre o a él cuando era niño.

    El dilema de los personajes radica en permanecer con los lastres de un periodo ya vivido y fenecido o asumir las nuevas circunstancias y retos del Perú contemporáneo. La alienación, el racismo, los sueños de surgir en la supuesta modernidad actúan como conflictos adicionales, siendo los diálogos de lo más logrado en el libro: insinúan o conmocionan, generando la atmósfera requerida.

    La novela fue premiada en 2003 por el instituto Cultural Iberoamericano “Mario Vargas Llosa” y Zein Zorrilla considera que el premio constituyó un reconocimiento a los escritores andinos relegados de las antologías criollas.



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