Sobre imágenes, herejías, invasiones y carabelas de Jorge Luis Salazar Saldaña (Reseña)

 Escribe J. Miguel Vargas Rosas


     
Desempolvando mi vieja biblioteca, di con el libro Imágenes y herejías (1995) del poeta pucallpino Jorge Luis Salazar Saldaña, a quien mi padre me había incitado a leer cuando todavía cursaba la adolescencia, pero no lo hice sino hasta ahora. Entonces, pude explorar la voz de quien dijo alguna vez «No habrá un febrero / que tenga el nueve / tan dolido, tan sentido / como el jueves nueve / del año ochentinueve», exhibiendo una influencia vallejiana ante el dolor social que golpeó la selva peruana aquella fecha. 

    En el interior del libro, hallé también una pequeña plaqueta llena de versos del mismo escritor (A propósito de invasiones y carabelas. 1993); versos que parecen sencillos, pero tienen una intensidad estremecedora. En estos, el autor busca denunciar los atropellos perpetrados por los invasores de occidente, quienes se constituyen en una figura alegórica de la opresión que ejercen los actuales poderosos contra el pueblo amazónico y peruano, en general. Además, busca revalorar las culturas ancestrales del Perú debido a que estas han sido relegadas al abandono y al desprecio, propiciando en las nuevas generaciones una extrema enajenación. «Me han embaucado/ con salmos y oraciones/ Sigo creyendo en el sol / la luna/la tierra/el agua…/ sin intermediarios». Aprovecha en denunciar la depredación de la naturaleza y la contaminación ambiental. «Acuérdate tierra/ Tú no tenías esta mancha/ han ensuciado tu rostro/ el 92 de 1400»; todo esto conservando el espíritu ancestral que se anexa o conecta consuetudinariamente con la naturaleza: «¿Y si no hubieran venido? / Seríamos más humanos (…) / Nuestra voz/ sería: / trueno / relámpago/ semilla / flor/ fruto / lluvia / brisa tierna». Expone lo injusto de las afrentas sociales que propagan los gobernantes de estas lindes; la antítesis se expresa en conceptos sociales distorsionados. “…Incivilizados/incultos/chunchos/ nos han dicho», pese a que fueron ellos los que vivían en armonía con la naturaleza a la cual consideraban una casa que podía ser compartida con toda la humanidad; sin embargo, los “civilizados” son aquellos que «han destruido/ nuestras obras/ para llevarse el oro/ a sus canceradas vísceras».  A pesar de aquella realidad desgarradora, el poeta invita a construir el futuro: «Olvidémonos/ de carabelas/ de cruces/de colones/ y con la luz/ que todavía nos queda/ arreglemos/nuestros huertos/ para ser más/ de los que hemos sido:/ Agua/ bosque/ piedra/ sol… La luz/ es nuestra sonrisa/ del mañana/ allí estaremos/ en los pétalos/ del Dos mil».

Puede que para algún “académico” o para algún “profesional” de la literatura, las líneas citadas en los párrafos anteriores resulten muy poco poéticos, pero no podrá negarse que goza de estética sutil y tierna. La poesía de Salazar Saldaña se encumbra en el libro Imágenes y herejías de una canción inicial en donde las figuras poéticas habitan en libertad, sobrevolando las páginas, encantando el gusto del lector y fusionándose con expresiones experimentales colindantes con el cubismo literario. Los versos conservan todavía el espíritu de crítica social, aunque se explayan hacia el misticismo selvático, el erotismo, el amor puro, el misterio de la creación o la inspiración, entre otros temas. Lo característico en la voz poética es su fusión con los elementos naturales, lo cual demuestra que el hombre-naturaleza constituye una sola entidad o entidades complementarias e indispensables para la sobrevivencia: es esto una característica común en las voces poéticas genuinas de la Amazonía. 

«En la hora que el cielo se pinta con la luz-muerte/ de CHERNOBIL & los zancudos/ zumban junto a las ensordecedoras sirenas que/ custodian/ la Plaza de TA AN MEN» (p. 6) Su poesía cobra un tono de prosa. «(…) la velas que iluminan su eterna mirada desde la cruz/ se encienden y se apagan como / la inconsistente fe de los cristianos/ que eructan obscenidades y juegan timba» (p. 10). Por momentos, parece tomar los conceptos del Dulce Estilo Nuevo para endiosar a la mujer a tal extremo de compararla con la naturaleza, la cual, en el espíritu del poeta es casi una deidad. Aunque otras veces prime un deseo carnal o sexual hacia la musa, también se evidencia el amor inocente y puro. «Me imagino que debe ser tan dulce/ como el color púrpura de sus labios» (p. 17). Otras veces, regresa a la demanda, a la indignación. «I se han ido/ pisoteando nuestras banderas/ se han ido/ porque nunca han estado aquí/ porque nunca vivieron/ con el sol/ de nuestra sangre» (p. 28) para luego retornar a ese sublime amor idealizado. «Por qué el amor contigo/ me viene así de golpe/ como una luz / topando mi puerta/ Inspirándome/ obscenas imágenes de huir/ en las alas de los océanos» (p. 56). Se presencia también entre los senderos bifurcados del poemario la añoranza a la tierra y la exaltación de otras tierras, sin caer en el cosmopolitismo modernista. 

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