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Escepticismo

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Escrito por J. Miguel Vargas Rosas            Yo había amado a Zulema hasta quedarme sin aliento, sin sangre, sin tiempo, y la había amado hasta los últimos instantes de aquella noche, en la que los serviles cuervos del desamor (a los que usted llamó   policías) vinieron por mí; estos me esposaron salvajemente y lanzaron los peores improperios, asegurando que yo había dañado la "memoria" de Zulema, cuando no había hecho otra cosa más que prodigarle un amor sincero y puro; un amor que, jamás, humano alguno podrá proporcionar a otro ser sobre la faz de la tierra.      — ¡Ella lleva muerta dos semanas! —gritó un oficial— ¡Estás enfermo!, ¡la desenterraste y la trajiste aquí!, ¿no la ves? —pude sentir la tirria y la repugnancia en sus palabras— ¡Mírala!      Y vi, cerca del umbral, un cuerpo, aparentemente femenino, en estado de putrefacción; es decir, lucía hinchado, negro, sin varios dientes y ligeramente carcomido por...

Piltrafas

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Escrito por: J. Miguel Vargas Rosas     La niña patilarga miró fijamente al muñeco de trapo, quien siempre se le aparecía en el umbral de la puerta con una sonrisa afectuosa y mística. Pero, esa mañana, la niña patilarga tenía otras ideas, alambicadas e hilbanadas con infames informes que pertrechaban su diminuta cabeza. Así que extrajo un cerillo de su bolso y lo encendió, rasgándolo en el murete de la habitación.    —¿Qué haces? —inquirió el muñeco.  —Debes consumirte. —¿Por qué?  —Tú no eres como yo, ni debes estar aquí. Eres un monstruo.  —¿Por qué afirmas eso? Ambos somos muñecos de trapo.  —¡Mientes! —se indignó la niña— ellos dijeron que yo no soy una muñeca.  —Es lo que quieren hacerte creer, porque ellos, los ventrílocuos, nos controlan.  —Y si nos controlan, tú tampoco tendrías que saber que eres un muñeco, ¿no? —Yo me rebelé, descubrí la verdad y volví a rebelarme: por eso sé lo que sé.  —Mientes con todos los diente...

Diario 1: Rareza y normalidad

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    Siempre fui raro o es lo que suele decir la gente, la cual me ve como una especie extraña dentro del subgrupo humano y a una parte incluso les fastidia mi silencio con la que suelo observar ciertos detalles de la conducta humana o de la sociedad. Lo cierto es que hasta ahora no he podido comprender qué es ser normal; no sé si lo es destrozar una planta en su hábitat, mentir constantemente como suele hacerlo la mayoría debido a múltiples razones que son más justificaciones o excusas para dizque no dañar a nadie, o normal implica hacer la guerra constante, enojarse frecuentemente, traicionar, traicionarse o perderse en aquello que Dante Alighieri llamó la "Selva oscura". Las personas piensan que por mi constante silencio, no siento, pero todo alma es frágil y se duele con comentarios como esos. Muchas veces he deseado ser normal, pero no entiendo qué es ser normal, hablar de cosas triviales o insulsas pese a que nadie te habla o a nadie le interesa, pero que fingen interés....

El lobo rojo y la caperucita feroz

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 Escrito por J. Miguel Vargas Rosas Sé que mi historia será difícil de creer.  Es cierto, devoré a esa niña de caperuza, pero no fue porque me guste comer. Era muy pequeño cuando todo aconteció. El abuelo de aquella niña, a nuestra caravana llegó. Mamá aulló y el hombre aquel, sin piedad contra mi padre disparó. Esto permitió a mamá huir por entre las alturas junto a nosotros que no dejamos de oír su llanto conjugado con el silbido del viento  helado.  Años más tarde, el padre de la niña hasta nuestro espacio arribó. Escopeta en mano, fingió  entre el rebaño marchar. Yo jugaba con mis hermanos, apartados de mamá, cuando de pronto su aullido entrecortado logramos escuchar. Al buscarla, ella ya solo era ausencia. Y las persecuciones por parte de la familia de aquella niña, se realizaban con mayor frecuencia.  Logramos escapar, mis hermanos y yo de la civilización y a una manada de lobos, llegamos, donde nos contó el anciano guía, que los hombres mataban a sus...

Fuga

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  J. Miguel Vargas Rosas      Quizá solo queríamos huir, emprender la fuga, cruzar las lindes de este mundo donde muchas veces los sueños mueren en vísperas de la juventud. Tal vez por eso ella se tatuó la palabra “Fuga” en el abdomen y vagábamos hasta altas horas de la noche, sin rumbo fijo, riéndonos como locos, gritando, corriendo hasta sentarnos en la banqueta de algún parque desolado de esta gran ciudad. Quizá por ello yo conseguí el revólver de mi amigo “piltrafas” y tal vez por aquello de huir ella fumaba un poco de hierba cada tarde, cuando nos encerrábamos con vehemencia incontenible en alguna maltrecha habitación de esas inveteradas casonas, transformadas en hoteluchos de mala muerte. Encerrados, como si hubiésemos abandonado finalmente la realidad, ella se sentaba en la cama, mientras yo recostado a su lado me tomaba un poco de ron.            — ¡Algún día nos iremos! —La fiebre de su locura le hacía sudar— ¡volaremos! ...

Paladas

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      Por: J. Miguel Vargas Rosas      No podía recordar en esos milímetros de segundos si el monstruo o la cosa esa, que los había sorprendido de regreso a casa, tras ir a tocar puertas con la célebre frase “Dulce o truco” por ser noche de Halloween, había asesinado a su hermano menor, o solo ella era la víctima. Podía escuchar el ruido escabroso de las paladas, la arena cayendo sobre ella que parecía estar atrapada en una especie de saco asfixiante. Extendió los brazos hacia los costados y tocó los bordes terrosos, entre los cuales su cuerpo apenas encajaba. Las paladas seguían sin detenerse, acompañadas solo por el fuerte respirar del “Monstruo” o “la cosa esa”. Desesperada empezó a gritar, con la esperanza de ser oída por alguien, hasta que la tierra dejó de caer.      Su respiración afanosa no pudo contener el lloriqueo de su hermanito.        - ¿Dilan?, ¿Estás aquí? – se desesperó más - ¡Dilan!, ¡responde!  ...

Relato 1

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    Por: J. Miguel Vargas Rosas         Mi bisabuela se lo contó a mi abuela y ésta a mi madre. El chino detuvo la camioneta en la que llevaba a su esposa y a sus hijos, muy cerca al velo de la novia. Era de día, un sol magnánimo disparaba rayos intensos. El chino disparó su escopeta de dos cañones contra la cabeza de su mujer y luego hizo lo mismo con sus hijos. La sangre empapó los vidrios de las ventanas. Extrajo el cadáver de su mujer y de sus dos hijos, y los colocó en la maletera. Luego limpió como pudo la sangre y puso en marcha el vehículo. La bisabuela lo conocía desde hacía mucho tiempo. Ambos habían andado por el bosque para establecer los límites del terreno de aquella, que quedaba justamente donde hoy yace el restaurante OVNI en Aguaytía.        El chino llegó hasta Pucallpa, se metió a su cuarto, escribió una pequeña nota donde especificaba a las autoridades que si buscaban en la maletera de su camioneta, encontra...

Las caras del amor (Fragmento de un cuento inédito)

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Escrito por: Fernando Marcazzolo            Una vez más el tránsito se detiene, el silbato de un policía araña sin descanso el aire, su mano izquierda gesticula en lo alto, los vehículos en la avenida agilizan su paso; en otras cuatro hileras los motorizados aguardan: dos en un sentido y los otros dos en otro. Será en las filas de los detenidos en que por la impaciencia, el aburrimiento y la resignación, hacen amistad con choferes y viajantes, y adonde los vendedores de la calle llegarán ligeros pintando mariposas en sus labios, ofertando sus productos: agua helada, bebidas, helados, chupetes, gelatinas, frutas en bolsa listas para ser comidas, así como otras necesidades que el ingenio del vendedor ha detectado para hacer llevadera la espera de los rodantes. Los mercaderes recorren presurosos las largas ringleras, ellos no tienen que pensar en la furia del sol, ni en lo brutal del calor que los aprieta. Como guerreros van decididos, sin importarles el ...

Plaqueta Canto Germinal

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Aquí la plaqueta literaria "Canto Germinal", donde encontrarán poemas y relatos, gracias al esfuerzo de un grupo de escritores de distintas ciudades del Perú. Colaboradores: Antón Vallemar (Sihuas, Ancash, 1965) Robert Jara Vélez (Guadalupe, 1969) Benjamín Cama  (Fundador de Ave Fénix) Miguel Vargas Rosas (Huánuco, 1990) Luis Flores Prado (Huamachuco, 1969) Oscar Gilbonio Navarro (Lima, 1966) Para leer completo, ingresar al link de abajo: https://drive.google.com/file/d/0BwXcRzedf5vLUnp3NDBwZjdqaDQ/view?usp=sharing