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Mostrando las entradas etiquetadas como cuentos

Escepticismo

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Escrito por J. Miguel Vargas Rosas            Yo había amado a Zulema hasta quedarme sin aliento, sin sangre, sin tiempo, y la había amado hasta los últimos instantes de aquella noche, en la que los serviles cuervos del desamor (a los que usted llamó   policías) vinieron por mí; estos me esposaron salvajemente y lanzaron los peores improperios, asegurando que yo había dañado la "memoria" de Zulema, cuando no había hecho otra cosa más que prodigarle un amor sincero y puro; un amor que, jamás, humano alguno podrá proporcionar a otro ser sobre la faz de la tierra.      — ¡Ella lleva muerta dos semanas! —gritó un oficial— ¡Estás enfermo!, ¡la desenterraste y la trajiste aquí!, ¿no la ves? —pude sentir la tirria y la repugnancia en sus palabras— ¡Mírala!      Y vi, cerca del umbral, un cuerpo, aparentemente femenino, en estado de putrefacción; es decir, lucía hinchado, negro, sin varios dientes y ligeramente carcomido por...

Piltrafas

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Escrito por: J. Miguel Vargas Rosas     La niña patilarga miró fijamente al muñeco de trapo, quien siempre se le aparecía en el umbral de la puerta con una sonrisa afectuosa y mística. Pero, esa mañana, la niña patilarga tenía otras ideas, alambicadas e hilbanadas con infames informes que pertrechaban su diminuta cabeza. Así que extrajo un cerillo de su bolso y lo encendió, rasgándolo en el murete de la habitación.    —¿Qué haces? —inquirió el muñeco.  —Debes consumirte. —¿Por qué?  —Tú no eres como yo, ni debes estar aquí. Eres un monstruo.  —¿Por qué afirmas eso? Ambos somos muñecos de trapo.  —¡Mientes! —se indignó la niña— ellos dijeron que yo no soy una muñeca.  —Es lo que quieren hacerte creer, porque ellos, los ventrílocuos, nos controlan.  —Y si nos controlan, tú tampoco tendrías que saber que eres un muñeco, ¿no? —Yo me rebelé, descubrí la verdad y volví a rebelarme: por eso sé lo que sé.  —Mientes con todos los diente...

Josef K. y Samsa en el siglo XXI: La inmortalidad de Kafka

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Escribe: J. Miguel Vargas       En Perú se ha realizado la prolongada y perversa labor de convertir la literatura en una herramienta de entretenimiento barato. En esta insana tarea han cumplido sus papeles algunos autores, los gobiernos —se incluyen todos los aparatos que manejan, entre los cuales se encuentran los medios de comunicación— y las instituciones educativas. Cuando se explora la literatura para almacenar un cúmulo de datos literales, mas no para trabajar procesos interpretativos ni emocionales, la literatura pierde todo poder. Y es que en un sistema donde hasta el alma humana se torna un objeto desechable, las capas gobernantes —o el “poder intrínseco” tal cual lo llama Orwell— pugnan por convertir la literatura en lo más vano, hueco y vacío. Esto ocurre precisamente con la obra más famosa de Franz Kafka, pues los jóvenes tienen nociones de que la trama gira en torno a un hombre transformado en insecto —se divierten con ello— sin realizar un análisis más ...

«Fieras» de Mariangela Ugarelli y la literatura Weird

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     Escribe J. Miguel Vargas Rosas      Las historias fantásticas o la literatura fantástica en el Perú, ha sido hasta hoy vista con ojos desdeñosos por la crítica literaria, la cual la cataloga de poco seria y la sentencia por no aportar reflexiones relevantes para la explicación de fenómenos sociales o no ayudar a empujar a la sociedad hacia un estadio superior. No obstante, estas historias han pugnado desde mucho tiempo atrás por ganarse un espacio respetuoso en la literatura peruana; debemos recordar que el propio César Vallejo escribió narrativa de corte fantasioso con tintes góticos y hasta escabrosos; también lo hicieron escritores como Abraham Valdelomar, Clemente Palma, entre otros tantos. El intento no ha sido exitoso, pues el realismo ha conservado la corona, aunque ahora se estén abriendo más espacios para la literatura fantástica, la cual aún carece —valgan verdades— de originalidad y calidad altamente considerables, y esto se debe a que es un...

Mi lectura del libro de cuentos "Hijos de la iglesia"

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     Escribe Julio Carmona        Hace pocos días, recibí el libro titulado “Hijos de la iglesia”, del escritor Miguel Vargas Rosas (aunque eufónicamente lo sugiera, él no tiene nada que ver con el otro Vargas). He leído el libro, en principio, porque me une a su autor una sincera amistad (y comunidad de ideas). Es más, él con mucha generosidad ha opinado (con franqueza sobre algunos textos míos). Y este hecho hace que me sienta impedido de escribir algo sobre el suyo. Pues puede pensarse que estamos haciendo (algo que a ambos nos repugna): la mutua-condecoración, como suelen hacer los de la otra orilla. Pero, aunque se crea lo contrario, no voy a elogiarlo, sino a combinar la censura con la sugerencia.       Los comentaristas que asumimos la visión realista (dejada de herencia por J.C. Mariátegui y César Vallejo) no nos detenemos en el análisis de la forma para demostrar que el libro está bien escrito, porque de no ser así, tampoco...

Enjaulado

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    Escrito por: J. Miguel Vargas Rosas           Palabras lloviendo sobre la mesa; empapan el suelo, derriten las paredes, debilitan los techos. Palabras, solo palabras. Encienden la fogata de la gélida habitación. En ese insólito rincón del mundo, solo palabras agobiantes agolpándose abruptamente en la memoria. Guillén observa su imagen en el espejo, sentado detrás del tocador, sobre una silla de madera barnizada; extrae un cigarrillo del bolsillo de la camisa, se lo lleva a los labios. La otra mano, por inercia, coge el encendedor que yace sobre el tocador, con el cual enciende el cigarrillo. La vida ha sido un viaje; uno simple y sencillo… No, no, no… Ha sido un viaje dentro de una jaula, aplastado como un vil insecto… El tabaco le provoca un amargor en la lengua adormecida… Los de afuera con su silencio conformista le rompen la clavícula cada día… Ese silencio mata, adormece, aburre. Llegado a esta parte de la vida, ¿tiene sentido continuar...

Redes

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Escrito por: J. Miguel Vargas Rosas   « Tal vez existan niños que aún no han comido carne de hombre » Lu Sin            Roger observó a Agatha quitarse la ropa con sensualidad. Los senos se le agitaron; el rosa de sus pezones pareció encenderse aún más y el cuerpo esbelto se movía como una sierpe hipnotizadora.       — Hagamos el amor —le susurró ella, moviendo ligeramente la cadera y cruzando las piernas— Ven, Roger… Hagamos el amor.       El vientre desnudo de Agatha le provocó una erección incontrolable. Ella delineó una sonrisa malévola y él la imitó henchido de un morbo creciente. No obstante, al ver los pies desnudos de la mujer, a Roger le volvió a cegar la ira, porque ahí, en el suelo, yacían sus dos hijos tiesos y pálidos sobre un charco de sangre.        — Pero qué has hecho —le increpó con la voz quebrada, reculando algunos pasos— ¡Qué has hecho!   —los ojos se l...

Sobre "No todas van al paraíso" de Rafael Inocente

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 Escrito por J. Miguel Vargas Rosas     Hace buen tiempo que leí el conjunto de cuentos titulado “No todas van al paraíso” (Ed. Altazor, 2013) de Rafael Inocente, y en ese momento posteé lo interesante que me resultó su lectura, sin tener la necesidad de explayarme más, conque aquí daré a conocer el porqué de ese post. Y es que Inocente, dotado de un realismo similar al de Ribeyro —por no decir de un realismo aun más crudo que el de Ribeyro— explora el mundo de la juventud peruana, de esa masa de jóvenes provenientes de las provincias que asilados en la capital peruana enajenan su espíritu, sometidos por el régimen capitalista; limitados o aplastados por los constructos sociales que bullen en los estratos sociales más elevados de esta ciudad, los cuales —dicho sea de paso— son los que rigen y controlan los hilos de la economía del país.       Desde el lado estético, destacaremos su prosa poética enriquecida con el llamado “estilo directo” del discurso ...

El sueño del pongo, recopilado por José María Arguedas

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1 Un hombrecito se encaminó a la casa-hacienda de su patrón. Como era siervo iba a cumplir el turno de pongo, de sirviente en la gran residencia. Era pequeño, de cuerpo miserable, de ánimo débil, todo lamentable; sus ropas, viejas. El gran señor, patrón de la hacienda, no pudo contener la risa cuando el hombrecito lo saludó en el corredor de la residencia. —¿Eres gente u otra cosa? —le preguntó delante de todos los hombres y mujeres que estaban de servicio. Humillándose, el pongo no contestó. Atemorizado, con los ojos helados, se quedó de pie. —¡A ver! —dijo el patrón—, por lo menos sabrá lavar ollas, siquiera podrá manejar la escoba, con esas manos que parece que no son nada. ¡Llévate esta inmundicia! —ordenó al mandón de la hacienda. Arrodillándose, el pongo le besó las manos al patrón y, todo agachado, siguió al mandón hasta la cocina. El hombrecito tenía el cuerpo pequeño, sus fuerzas eran sin embargo como las de un hombre común. Todo cuanto le ordenaban hacer lo hacía bien. Pero h...

Brujas

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   Escrito por: J. Miguel Vargas Rosas          El cuerpo arde tipo antorcha en medio del bosque. La hoguera donde se carboniza tiene el nombre de Dios, los símbolos de Dios, la noche lúgubre de Dios y ella es una bruja o así le llaman desde hace varias semanas atrás.       — ¡Arderán así las pecaminosas!, ¡las que no sigan los designios de Dios! —exclama un fraile, antorcha en mano, recorriendo con la mirada a los presentes que forman media luna y ven consumirse a la «bruja» que hace solo unos minutos dejó de gritar.      — ¡Muerte a las brujas!      — ¡Muerte al demonio y sus pecados!       La turba enardecida levanta los puños, las hachas, vociferan palabras que ya no alcanzo a percibir. Mi mente, mis ojos, mi olfato, se centran en el cuerpo maniatado en el tronco de madera. Su sonrisa dócil se ha convertido en una mácula tiznada y su piel entera se ha diluido, evaporándose e...

«El círculo de la muerte» como denuncia obvia contra el sistema

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Escrito por J. Miguel Vargas Rosas  … Promedio Diario de Suicidios:  Por amor ………………. ……….. 3 Por falta de recursos…………….. 5 Por robo ………………………… 1 Por causas desconocidas………… 2   Se describe en aquel cuento que a simple lectura puede parecer absurdo y cargado de un contenido morboso, escrito por Abraham Valdelomar (El conde de Lemos). No obstante, se constituye en una crítica despiadada contra el sistema capitalista, quizá sin que el propio Valdelomar se diera cuenta.  Se constituye en un golpe contra el corazón del sistema imperante.  Sin lugar a dudas, nos enumera las causas de suicidio diario dentro de la sociedad o el sistema actual y se enfatiza que “por falta de recursos” es el motivo más utilizado por la mayoría de suicidas, seguido de “por amor” y después “por causas desconocidas”. Si bien, debemos tomar la historia y los datos de esta, como parte de la ficción literaria, hay una inclinación política del autor en la que nos alcanza su crítica ácida....

El lobo rojo y la caperucita feroz

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 Escrito por J. Miguel Vargas Rosas Sé que mi historia será difícil de creer.  Es cierto, devoré a esa niña de caperuza, pero no fue porque me guste comer. Era muy pequeño cuando todo aconteció. El abuelo de aquella niña, a nuestra caravana llegó. Mamá aulló y el hombre aquel, sin piedad contra mi padre disparó. Esto permitió a mamá huir por entre las alturas junto a nosotros que no dejamos de oír su llanto conjugado con el silbido del viento  helado.  Años más tarde, el padre de la niña hasta nuestro espacio arribó. Escopeta en mano, fingió  entre el rebaño marchar. Yo jugaba con mis hermanos, apartados de mamá, cuando de pronto su aullido entrecortado logramos escuchar. Al buscarla, ella ya solo era ausencia. Y las persecuciones por parte de la familia de aquella niña, se realizaban con mayor frecuencia.  Logramos escapar, mis hermanos y yo de la civilización y a una manada de lobos, llegamos, donde nos contó el anciano guía, que los hombres mataban a sus...

Un muerto en la pedrera

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 Escrito por J. Miguel Vargas Rosas                  — No lo muevas… Pero, papá tenía que hacerlo; debía sujetar con ambas manos el brazo endurecido del cuerpo inerte y hacerlo girar. Estaba en la pedrera. Cuánto frío han de sentir las almas al quedar en la pedrera, tiznando de sangre los pétreos objetos. Los rayos solares acariciaban parte de la cabellera encostrada.  — No, papá… —volviste a gimotear tú. Sin embargo, papá tenía que hacerlo y lo hizo, sacando fuerzas de flaqueza. Al ver el rostro de aquel cuerpo, supo quién era, pues lo reconoció pese a los ojos profundamente cerrados y el semblante pálido.  — ¿Es él, papá? —interrogaste, aunque el viejo ya no te hizo caso. Lloró, sujetando en su regazo el cuerpo marchito y muerto.  No te hizo caso por dos razones: Porque el cuerpo no pertenecía a un “él”; el cuerpo era el tuyo, porque no me buscaban a mí como tú creías, sino que te buscábamos a ti ...

"Ollas a presión" de Daysi Irene Arévalo

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   Por: J. Miguel Vargas Rosas   Redacto el siguiente texto breve para comentar sobre los microrrelatos reunidos en el libro «Ollas a Presión» (Ed. Bizonte, 2021); sin embargo, debo confesar que al momento de redactarlo no tengo el libro de la joven Daysi Arévalo a mano, así que comentaré lo que recuerde sobre la lectura que le di en su momento. JM García al analizar el texto «Teoría del microrrelato» de D. Lagmanovich, señala lo siguiente al respecto del microrrelato:       «En el microrrelato ‘se cuenta una historia’, ‘es una minificción cuyo rasgo predominante es la           narratividad’. Son ficciones breves donde se incluyen: [a] una ‘situación básica’, [b] ‘un incidente      capaz de introducir un cambio o modificación en la situación inicial’ y [c] ‘un final o desenlace (a veces sorpresivo, a veces abierto’)» Pero, sabemos que no son tiempos de ceñirnos a una u otra teoría, sino más bien tiempos qu...

Fuga

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  J. Miguel Vargas Rosas      Quizá solo queríamos huir, emprender la fuga, cruzar las lindes de este mundo donde muchas veces los sueños mueren en vísperas de la juventud. Tal vez por eso ella se tatuó la palabra “Fuga” en el abdomen y vagábamos hasta altas horas de la noche, sin rumbo fijo, riéndonos como locos, gritando, corriendo hasta sentarnos en la banqueta de algún parque desolado de esta gran ciudad. Quizá por ello yo conseguí el revólver de mi amigo “piltrafas” y tal vez por aquello de huir ella fumaba un poco de hierba cada tarde, cuando nos encerrábamos con vehemencia incontenible en alguna maltrecha habitación de esas inveteradas casonas, transformadas en hoteluchos de mala muerte. Encerrados, como si hubiésemos abandonado finalmente la realidad, ella se sentaba en la cama, mientras yo recostado a su lado me tomaba un poco de ron.            — ¡Algún día nos iremos! —La fiebre de su locura le hacía sudar— ¡volaremos! ...